sábado, 15 de diciembre de 2018

Algunas notas sobre crisis de larga trayectoria


Luego de la reunión de presidentes y primeros ministros del G20 en Buenos Aires, la mayoría de las personas se puede preguntar qué tan complejas son las relaciones económicas en general y en particular el comercio. China y Estados Unidos tienen un peso relativo al momento de determinar  la coyuntura económica mundial y, en esa función, las tensiones que pueden desarrollarse ante la ausencia en la convergencia de perspectivas sobre el comercio mutuo. Esto configura niveles de  incertidumbre que afectan la dinámica de la economía internacional materializándose, en primera instancia, por el lado financiero: actualmente se han observado reacciones abruptas en los mercados bursátiles que, dependiendo de su consistencia temporal, pueden generar efectos no deseados sobre otras variables económicas tales como los flujo de inversiones y sus consecuencias sobre la economía real.

Sin dudas la complejidad de los fenómenos económicos determina dificultades sobre posibles intenciones de afectar  procesos o variables económicas. La decisión repentina de un presidente sobre una modificación en la estructura de aranceles comerciales no solo altera el flujo comercial sino, más temprano que tarde, los efectos pueden trasladarse hacia el canal del crédito. La activación espontánea de una red de causalidades sobre un proceso económico determinado pone de manifiesto la complejidad en el plano socio-económico y determina replicas no anticipadas de dichas causalidades. En este orden, si la red se amplifica al escenario internacional, gestionar políticas de estabilización y minimización de daños hace necesario una cantidad adecuada y alcance efectivo de instrumentos. Sin dudas, es una posible caracterización de la coyuntura actual expresada desde las diferencias China-Estados Unidos.        

La región, en general, y Argentina, en particular, no se encuentran en libre albedrío internacional respecto a ese escenario. El canal comercial y de crédito son aspectos sustanciales sobre la coyuntura de los países, esencialmente ante eventos de crisis de larga trayectoria: escenarios de caídas profundas del nivel de actividad en contextos de restricciones financieras  y de alcance largamente expandido, pueden accionar sobre configuraciones macroeconómicas de características contractivas las cuales, ante su posible perpetuación y multiplicidad de efectos, pueden derivar en perturbaciones estructurales (Stiglitz, 2015). Es por esto que la configuración de la estructura económica y las condiciones iniciales en el caso de economías como las emergentes (Latinoamérica es un caso) son, casi naturalmente, sujetos pasibles de contagio y replicas en sus estructuras internas. Notoriamente, el llamado de atención tradicional está relacionado en la  génesis de los eventos por sobre los efectos de sostenimiento y expansión de las perturbaciones. Destacamos que esto es un error preponderante al momento de efectuar los análisis y diagnósticos.

Ante esas consideraciones, los hacedores de política económica de estos países están inmersos en desafíos de doble marco. Por un lado, el marco internacional es una fuente de generación de ciclos económicos domésticos con potenciales replicas. El caso de una suba en los niveles del tipo de interés afecta el ciclo expansivo del crédito y, a su vez, el financiamiento de la continuación y/o futuros planes de inversión con sus consecuentes efectos sobre la demanda agregada. Mientras que en el caso de una disminución de la demanda internacional de ciertos bienes, puede afectar, en distintos niveles de profundidad, el saldo de la cuenta corriente del balance de pagos de algunas economías y, así, generar un ciclo restrictivo sobre la cuenta financiera (frenazos de influjos de capitales, disminución neta de activos internacionales, retracción del acceso al crédito internacional público y privado, etc.). Ambos casos pueden activarse simultáneamente desencadenando, en esa instancia, disrupciones profundas, de gran alcance y, en consecuencia, desequilibrios que configuren  crisis económicas sostenidas donde los errores, ex ante, de políticas económicas sean notables: creencias no sustentadas por la realidad y comportamientos acomodaticios, se transforman en aspectos relevantes al momento de estudiar fenómenos de crisis (Heymann, 2009). Ante situaciones de esas características, se observan efectos coyunturales de corto plazo y posibles efectos sobre la estructura del sistema económico que dependerán de la consistencia del shock dado el nivel de resiliencia de las economías.

Por otro lado, el marco interno se transforma en un factor vulnerable y con cierto grado de independencia temporal respecto a la recuperación pos crisis. La economía doméstica puede transitar de un espacio de estabilidad y crecimiento hacia un proceso de caída de la actividad económica y contracción de los flujos financieros, éstos últimos determinados por modificaciones en planes de inversión y composición de cartera de activos en detrimento de la moneda nacional. La dinámica interna de esas economías, en el contexto de shock exógeno, es diferente. Ese marco de mayor fragilidad, presente en las economías emergentes, configura condiciones para que los efectos de un evento disruptivo sean más profundos y de mayor alcance. En mercados donde los agentes se enfrentan a condiciones disimiles y marcadas distorsiones de precios, los efectos de una desaceleración abrupta de la actividad económica van a determinar ex post consecuencias que difícilmente converjan rápidamente a los efectos esperados de las políticas de estabilización. Por el lado financiero se observa que, en ese contexto, no todos los agentes tienen acceso al sistema financiero lo cual va a recortar la eventual capacidad de suavizar el ciclo de caída de la actividad. Ante un nivel escaso de profundidad del sistema financiero, esas economías notan sesgos inflacionarios y racionamiento del crédito que tienen consecuencias redistributivas desfavorables, agregando otra fuente de efectos expansivos de shocks negativos.

Adicionalmente, otro de la fuente de dificultades que se destacan en sistemas económicos que responden a esas vulnerabilidades, es la velocidad de los ajustes esperados. En este sentido notamos que el efecto temporal de una política de estabilización es sustancialmente importante, pues determina la posibilidad de minimizar el contagio hacia otras economías y dentro de la misma. Sin dudas, la velocidad de los efectos está ampliamente determinada por las características mencionadas. 
El entorno de complejidad intrínseco de los sistemas económicos se agrega a esos factores impulsando fuera del corredor de estabilidad a las economías (Leijonhufvud, 1981 y 1997). Inevitablemente, entornos de complejidad pueden configurar eventos no esperados pero principalmente replicas y sostenimientos de los shocks soportados que disparen shocks de naturaleza endógena. La mencionada complejidad de los procesos macroeconómicos determinados por una multiplicidad de decisiones de individuos heterogéneos que divergen del comportamiento estándar de los modelos económicos, son fuentes notorias de inestabilidad que, hasta la crisis financiera internacional de 2008, no fueron observados con la importancia adecuada.

En suma, procesos naturalmente complejos sumergidos en eventos contractivos, ciertamente van a determinar que los efectos sean de mayor alcance y sostenimiento, es decir, de larga trayectoria. Por lo tanto y en esas circunstancias, la intensidad y sintonía fina de las políticas de estabilización se deben tornar más agudas lo que determina grados de libertad menores: menor espacio de gestión de políticas ante demandas sociales en aumento. Es de esperar que, en el corto plazo, se intente suavizar dichos efectos, desafío nada sencillo,  ya que, de lo contrario, la estructura para el desarrollo estará cada vez más distante de nuestro tiempo y corredor macroeconómico.
 

Bibliografía

Heymann, Daniel (2009), Notas sobre variedad de Crisis, Ensayos Económicos (Enero-Junio, 2009), B.C.R.A.
Leijonhufvud, Axel (1981), Information and Coordination: Essays in Macroeconomic Theory, Oxford University Press.
Leijonhufvud, Axel (1997), Macroeconomic and Complexity: Inflation Theory, en Brian Arthur, Steven Durlauf and David Lane, eds., The Economy as an Evolving Complex System II, Santa Fe Institute Studies in the Sciences of Complexity, Vol. XXVII. New York: Addison-Wesley.
Stiglitz, Joseph E. (2015), Towards a General Theory of Deep Downturns, NBER Working Paper No. 21444.  


sábado, 17 de noviembre de 2018

Muy estimados, luego de una gran pausa, compartimos una nota en prensa:

http://www.parlamentario.com/noticia-114391.html

Saludos!