domingo, 13 de enero de 2013

Un año de cepo cambiario en Argentina: el que apuesta al dólar, ¿pierde?

Hace aproximadamente tres décadas, un ministro de economía de la última dictadura militar argentina inmortalizó la frase "el que apuesta al dólar, pierde". Quien la pronunció fue Lorenzo Sigaut, ministro de economía del gobierno de facto del General Roberto Viola. Días después dispuso una devaluación del 30% del tipo de cambio (apenas la primera de una serie de medidas en el mismo sentido). Asimismo, fue este ministro también quien definió la salida de la denominada "tablita cambiaria" del anterior ministro de economía José Martinez de Hoz y la reemplazó por un esquema de  desdoblamiento del mercado cambiario con un dólar comercial regulado y un dólar financiero libre (cualquier similitud con el mercado cambiario argentino actual, es pura coincidencia).

Esta situación guarda extrañamente algunas similitudes con la situación del mercado cambiario argentino actual. Hace ya más de un año, en Noviembre de 2011, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner comenzó a tomar una serie de medidas con el objetivo de regular el mercado de divisas. Con el correr de 2012, este "cepo" cambiario fue recrudeciendo, hasta llegar al punto actual: la necesidad de realizar una declaración jurada para conseguir la autorización de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) para poder comprar divisas para viajar, organismo que con mucho suerte autoriza el irrisorio monto de U$S 100 por día (cuando no autoriza mucho menos, o directamente declara tener problemas de sistema). Como consecuencia de esto, surgió un mercado paralelo al cual concurren fundamentalmente ahorristas y turistas.

Las justificaciones de estas medidas han sido muchas. Desde teorías conspirativas hasta decir que los dólares eran necesarios para financiar las importaciones destinadas a la inversión y los pagos de la deuda externa, se han escuchado todo tipo de razones. Una de ellas, tal vez la más fácil de contrastar, reza que quienes ahorran en dólares pierden dinero, porque otras inversiones en pesos dejan un mejor retorno. Es decir, algo así como "no se quejen, con esta medida los ayudamos a invertir mejor su dinero". Por ejemplo, la semanda pasada el Senador oficialista y ex Jefe de Gabinete de Ministros Aníbal Fernández se despachó contra el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli (también oficialista), en relación al depósito de U$S 201 mil que este último dijo aún poseer: "Por ahí, la crítica es: «Loco, dale, colaborá con nosotros, no te vas a morir. Lo ponés en un plazo fijo y te da mejor guita que la que te dan los dólares». ¿Cuál es el beneficio, en todo caso, de tener dólares?". Cabe destacar que, aparte de tener poco de académica, esta no fue una declaración aislada, sino que se ha reiterado este argumento en los últimos meses, no solo de parte de funcionarios del Poder Ejecutivo, sino que inclusive en alguna oportunidad la han esgrimido economistas afines al partido gobernante (como por ejemplo, puede leerse aquí).

Aún dejando de lado el hecho de que podríamos considerar que este argumento es insuficiente para defender el cepo cambiario (que el ahorro en dólares no haya sido la mejor inversión, o siquiera una "buena" inversión, no significa que la implementación del cepo sea beneficiosa), existen dos aspecto en que la afirmación es errónea: uno empírico y otro teórico. Empecemos por el más fácil, el empírico. ¿Cómo le ha ido a quién invirtió  $1000 en Octubre 2011 (lo que en ese momento eran aproximadamente U$S 236) en un plazo fijo y a quién en ese mismo momento compró dólares?

Fuente: BCRA (tipo de cambio oficial y tasa de plazos fijos) y diario Ámbito Financiero (tipo de cambio paralelo).


En primer lugar, debo mencionar que elegí Octubre 2011 como período base, ya que fue el último mes en que los turistas y ahorristas pudieron acceder libremente al mercado cambiario oficial. Para el cálculo de los rendimientos del dólar oficial y paralelo, simplemente se computa cuántos pesos argentinos obtendría la persona que en Octubre 2011 compró dólares, si los cambiara en el mes correspondiente. Para el cálculo del rendimiento del plazo fijo, se tomó la tasa de interés de plazos fijos en pesos argentinos de bancos privados a 30/35 días informada por el Banco Central, suponiendo que cada mes el ahorrista renovaría el capital más los intereses obtenidos el mes anterior (una práctica muy común en Argentina, en vez de colocar el dinero a mayor plazo). Por último, el cálculo fue realizado hasta Noviembre 2012, último mes en que se dispone de la información del Banco Central en lo respectivo a tasas de interés y tipo de cambio oficial.

Observando este gráfico, queda claro que la afirmación de que el plazo fijo es una "mejor" inversión porque tiene mayor rendimiento, fue lisa y llanamente falsa desde la implementación del cepo cambiario. Quién compró dólares en Octubre 2011, podría haberlos cambiado por pesos argentinos en el mercado paralelo en Noviembre 2011 con un rendimiento (nominal) de aproximadamente 50% en esta última moneda, mientras que quien invirtió en un plazo fijo habría obtenido un rendimiento (nominal) de 11,6%.

Por otro lado, queda el argumento teórico. Como bien sabe cualquier economista, las inversiones no solo se evalúan por su rendimiento, sino también por su riesgo. Quienes ahorran en plazos fijos, enfrentan básicamente tres tipos de riesgos:

  • Riesgo idiosincrático de la institución financiera: me refiero al riesgo de que la institución o banco se declare insolvente, situación en la cual el ahorrista tendrá dificultades para recuperar su inversión.
  • Riesgo sistémico/confiscatorio: me refiero a riesgos asociados a la totalidad del sistema financiero (el cual hoy parece bajo, teniendo en cuenta el muy buen estado de los balances contables bancarios en general) y de la economía en general. A lo largo de la historia argentina, estas situaciones fueron acompañadas de la confiscación de depósitos bajo variadas formas, siendo el "corralito" de fines de 2001 y "corralón" de principios de 2002 los últimos y más conocidos.
  • Riesgo de devaluación cambiaria : una devaluación del tipo de cambio le genera al ahorrista en pesos argentinos una pérdida de capital medido en dólares (y también probablemente, una caída del poder adquisitivo de los pesos, por el probable aumento de precios que se observará con el correr del tiempo).
En cambio, los pequeños ahorristas argentinos que tienen dólares en general los guardan simplemente en su casa o en una caja fuerte, lo que popularmente se denomina en Argentina como ahorro "bajo el colchón". Esta inversión no posee riesgo idiosincrático (ya que no está depositada en ninguna institución financiera), ni sistémico/confiscatorio (es muy líquida, ya que en cualquier momento el ahorrista podría cambiar los dólares en el mercado oficial o paralelo, mientras que el dinero del plazo fijo se encuentra inmovilizado por 30 días; además, está claro que se encuentra fuera del alcance de una potencial confiscación) y por definición no tiene riesgo devaluatorio. 

Por otro lado, debemos tener en cuenta que no deja de ser una inversión con algunos riesgos, por muy despreciables que parezcan. Uno de ellos es un riesgo "no económico", que denomino el riesgo de robo o de hurto. Al tener la inversión en el propio hogar o en una caja fuerte de un banco, siempre cabe la posibilidad de que el dinero le sea sustraído ilícitamente. Este riesgo parece muy difícil de mensurar y ciertamente cada persona podría tomar individualmente una serie de precauciones para reducirlo. El otro riesgo, en este caso sí de carácter económico, es lo que denomino riesgo de apreciación cambiaria. Es decir, si el tipo de cambio nominal respecto al dólar se revalúa en vez de devaluarse, los ahorristas en dólares sufrirán una pérdida nominal de capital medido en pesos argentinos, ya que con los dólares que poseen podrán adquirir una menor cantidad de esa moneda. Si nos basamos en el pasado para medir este riesgo, el mismo realmente parece despreciable, ya que la política cambiaria hasta la implementación del cepo consistió en una casi ininterrumpida depreciación del tipo de cambio nominal:

Fuente: BCRA.

Por lo tanto, parece razonable creer que el riesgo del ahorro en dólares "bajo el colchón" es claramente inferior al del plazo fijo. Cualquier curso básico de microeconomía o de inversiones nos dice que la relación entre riesgo y rendimiento es inversa: es decir, a mayor riesgo de una inversión, mayor rendimiento. Esto es simplemente sentido común: si un inversor percibe un activo como menos riesgoso que otro y el primero tiene también un mayor rendimiento que el segundo, invertirá seguramente en el primero.  

Por varios años, el plazo fijo tuvo un mayor rendimiento que el dólar, lo cual era lógico teniendo en cuenta que los ahorristas argentinos seguramente lo percibían como un activo más riesgoso que el dólar, teniendo en cuenta la inflexibilidad a la baja del tipo de cambio nominal y la memoria todavía fresca de la gran devaluación cambiaria que se produjo con la salida del plan de convertibilidad a principios de 2002. Entre 2003 y Octubre 2011, el único episodio en que el rendimiento del dólar superó al plazo fijo fue en la crisis de 2009. Luego de este episodio, el tipo de cambio nominal continuó su trayectoria ascendente, inclusive a una tasa de depreciación mayor. A su vez, este tendencia fue acompañada de una tasa de inflación superior a la tasa de devaluación, lo que ha implicado una apreciación del tipo de cambio real. Esta apreciación real no es trivial, ya que probablemente alimentó las expectativas de una nueva depreciacion futura del tipo de cambio nominal para frenar la pérdida de competitividad de la economía. Por lo tanto, teniendo en cuenta la creciente apreciación real y la política de depreciación cambiaria nominal del gobierno, ¿acaso no resulta razonable que los ahorristas consideraran que la posibilidad de una revaluación cambiaria era despreciable? 

Teniendo en cuenta estos argumentos básicos de microeconomía e inversiones, parece ilógico sostener que el plazo fijo en pesos argentinos fue una "mejor" inversión que el dólar: simplemente, fue una inversión con mayor rendimiento, debido a que tenía implícito un mayor riesgo. Los únicos períodos en que el dólar rindió más que el plazo fijo fue en 2009 y a partir de Noviembre 2011, ambos episodios de crisis económica en los cuales el riesgo devaluatorio del plazo fijo se hizo presente.

Los funcionarios y asesores del Poder Ejecutivo siguen repitiendo con otras palabras aquella famosa frase de Lorenzo Sigaut "El que apuesta al dólar, pierde". Si hay algo que podemos aprender de los últimos 40 años (o tal vez más) de historia económica argentina, es que los gobiernos han sido pésimos asesores en materia de ahorros e inversiones. El error conceptual de comparar activos sin siquiera considerar sus riesgos deja bien claro este punto. Mientras esperamos que recuerden estos conceptos básicos de economía, nos podemos sentar tranquilamente a ver cómo el tipo de cambio paralelo supera los $7 en estos días. Como solía decir un ex presidente argentino, "la única verdad es la realidad": el que apostó al dólar, ganó.

* Publicado en Forexpros. http://www.forexpros.es/analysis/un-a%C3%B1o-de-cepo-cambiario-en-argentina:-el-que-apuesta-al-d%C3%B3lar,-%C2%BFpierde%20-75036

miércoles, 9 de enero de 2013


Ficciones de la actualidad
 
Ficciones (1995) es uno de esos maravillosos libros de cuentos que el gran maestro Borges nos dejó. A medida que transcurre la lectura se percibe una suerte de pasión suavizada que se imagina interminable. Esas cosas que cuando se viven valen la pena pero antes nos interrogamos para qué. Realmente raro.
 
La séptima pieza del libro se titula El Jardín de senderos que se bifurcan. Hacia el final de la misma se realiza una atrapante reflexión (como todas): ``…El jardín de senderos que se bifurcan es una enorme adivinanza, o parábola, cuyo tema es el tiempo; esa causa recóndita le prohíbe la mención de su nombre. Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizás el modo más enfático de indicarla… ´´.  
Si nos detenemos podemos pensar que es correctamente lógico y, por cierto,  inevitable la asociación de hechos corrientes de la realidad argentina con la frase mencionada.
 
Cuando nos prohibimos la mención de los hechos, y si estos son desfavorables, caemos en una suerte de inconsistencia lógica entre lo que decimos y suponemos que ocurre y lo que realmente está aconteciendo. Cuando esto sucede por un tiempo, la evasión se transforma en un modo enfático de mostrar los hechos ya sean a través de otros acontecimientos, ligados al hecho evadido, y/o con el comienzo de cierto pragmatismo de los principales expositores de la evasión.  
 
Hay hechos de los que generalmente no se habla pero que se hacen recurrentemente inevitables. Uno de ellos es la inflación y, desde nuestra óptica, es el más importante al momento de analizar la realidad económica y social de cualquier país, en especial la de Argentina luego de la crisis de 2001-02.      

El crecimiento del nivel general de precios se transforma en un problema para el sistema económico cuando no es reconocido y, a su vez, se presenta persistente hasta el punto de generar un complejo de distorsiones que cada vez son más difíciles de resolver. A su paso van dejando señales hacia todos los sectores productivos del país. Esto se pone en clara evidencia cuando, desde los precios de los factores, notamos dinámicas a tasas crecientes.  
 
El caso argentino, hasta hace unos meses, presentó un desconocimiento que al parecer no fue desprovisto de intención, desde la intervención a la oficina de estadísticas nacionales (INDEC) en Enero de 2007. Luego, se procedió a controlar algunos sectores del lado de la oferta aludiendo a una dispersión no esperada de los precios la cual, luego del paso de los años, fue un diagnostico sustancialmente erróneo de la realidad.     
 
Pasado el tiempo y solo con el intervalo que origino la gran desaceleración del año 2009, producto indirecto del estallido de la crisis financiera iniciada en 2007, los formadores de precios fueron cargando en sus expectativas que los precios no  estaban dispersos de su media sino que estaban en flanco aumento. Estas expectativas se fueron construyendo año a año teniendo en cuenta que la política fiscal iba a seguir siendo expansiva en el corto y mediano plazo, y que no habría una estrategia coordinada para suavizar la inflación y eyectar el ahorro y la inversión.


Suavizar el ritmo de crecimiento de los precios, principalmente los alimentos e indumentaria, no implica lisa y llanamente recortar drásticamente el consumo y, en consecuencia, el crecimiento. Como en macroeconomía, y en la vida cotidiana, estamos imposibilitados de operar con una estrategia que genere resultados óptimos para todo el tejido social, se torna eficiente moderar el consumo para brindar recursos que empujen a la inversión privada y pública, pues la señal de que el consumo iba a ser operativo ya estaba presente en los animals spirits de los empresarios.
 
Con la facilidad de inferir con los hechos consumados, estamos en condiciones de asegurar que una economía es inviable cuando solo un agregado explica más que proporcionalmente y de forma temporalmente consistente, a una variable; en este caso el agregado fue el consumo y la variable es el producto bruto interno. Podemos obtener resultados positivos tirando de la misma cuerda y con la misma masa muscular a lo largo de un espacio de tiempo determinado. Seguramente en el transcurso del mismo se comiencen a vislumbrar problemas en la cuerda y en el músculo que sustenta la fuerza, es decir, el desenvolvimiento del tiraje. Llegado a un punto debemos optar por otra estrategia complementaria o parcialmente sustitutiva.
 
Sería una Ficción pensar que siempre podemos con lo mismo. A pesar de que intentemos tapar las dificultades, en algún momento la Ficción deja de ser dando  paso a la problemática a resolver. Muchos expositores de los argumentos de esa invención están emitiendo señales de carácter pragmático, pasaron años y la retórica ``dispersa´´ de la realidad engaña. Esperemos que las metáforas ineptas, como dice el gran Borges, dejen de ser.  

lunes, 24 de diciembre de 2012


Una realidad inconsistente

Los graves hechos sociales que han transcurrido durante los últimos tres días en los cuales primaron la necesidad (no en todos los casos) de algunos sectores de la sociedad argentina y la gran deuda institucional de este país, me han llamado la atención de una forma bastante particular.
 
Bastante preocupado con lo que estaba ocurriendo al leer los medios de información escritos, me volví a preguntar qué ha ocurrido para que algunos sectores aún soporten ciertas necesidades básicas en un entorno de crecimiento económico fuerte durante los últimos nueve años y una leve mejorada en la distribución del ingreso, al menos hasta 2010.
 
La preocupación comenzó a erizar cuando, luego de la jornada laboral, pasé por la puerta de un gran centro comercial del barrio porteño de Abasto; por mi parte debo confesar la sensibilidad social inconfesa hasta este momento, puesto que noté un impresionante flujo de personas que se daban prisa hacia las compras de ocasión.        
 
Desde mi perspectiva, no cabe una respuesta económica de carácter holístico respecto a los acontecimientos, los cuales se sitúan casi en las antípodas: por un lado, saqueos a supermercados en distintos barrios populares del país y, por otro, consumo masivo de distintos bienes relacionados con nuevas tecnologías e indumentaria con precios elevados en distintos tiendas de la ciudad.

En este escenario, se hace bastante dificultoso enunciar un set de causas económicas. Sería incurrir en un error de identificación de los fenómenos económicos y, más aún, cuando notamos dinámicas contemporáneas distintas en una misma sociedad.
 
Sin caer en tautologías, cabe recordar que la multicausalidad de los hechos sociales se extiende hacia la economía; indudablemente es lo que imprime un grado de dificultad al momento de describir los fenómenos socioeconómicos sin recurrir a un enfoque sistémico. En este sentido, existe un gran set de enigmas económicos que han motivado una producción de investigación a gran escala. El desarrollo de las sociedades es uno de los grandes tópicos que conforman ese conjunto. 
 
La dificultad mencionada fue notada en una recordada frase del gran economista del siglo XX, John Maynard Keynes, con motivo del obituario de Alfred Marshall:
`` El economista debe poseer una rara combinación de dones. Debe alcanzar un elevado estándar en diferentes direcciones y debe combinar talentos que a menudo no se encuentran juntos. Debe ser, en cierta medida, matemático, historiador, estadista y filósofo. Debe entender símbolos  y hablar con palabras. Debe contemplar lo particular a la luz de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto en el mismo vuelo de su pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado para los propósitos del futuro. Ninguna parte de la naturaleza humana o sus instituciones debe ser completamente fuera de su consideración´´ (Memorials of Alfred Marshall, Arthur Cecil Pigou. Londres, 1925).            
   
Como lo enunciaba Keynes, el economista debe tomar el conocimiento de varias disciplinas en el camino hacia comprender los fenómenos sociales y económicos. Desde esta afirmación es deseable que las dificultades se minimicen y la apreciación de la realidad sea más rica.
 
Considerando la necesidad de una óptica sistémica al analizar los sucesos socioeconómicos, se torna necesario pero no suficiente citar el desenvolvimiento de los fundamentales macroeconómicos pertenecientes a la gestión de política actual. Se propone adicionar como condición de segundo orden, una breve digresión acerca del comportamiento de algunos sectores de la sociedad.
 
Muchos investigadores y profesionales de las ciencias sociales se han pronunciado por años acerca de la problemática social de los tiempos que han sido testigos y sus posibilidades respecto a mayores niveles de bienestar agregado: desde los trabajos de investigación principalmente caracterizados por el individualismo metodológico hasta la metodología experimental donde se presenta una gran evidencia acerca del carácter cooperativo de los seres humanos como detonante de un mayor nivel de felicidad.  

Sin ánimo de rayar lo intempestivo, se propone una hipótesis a modo descriptivo sobre los hechos que se mencionaron a principio de estas notas.
 
Mientras que inicialmente se plantea que la dinámica de la vida económica de los países parece repetirse a lo largo de la historia, no todas las sociedades toman las mismas decisiones que la doméstica. Algunas deciden recorrer el camino del desarrollo de todo el sistema social y otras dirimen en aras de beneficios particulares de corto plazo sin importar el beneficio agregado. Parecería que durante los últimos treinta años, la mayoría del mundo capitalista, en cierta medida incluido nuestro país, ha tomado la segunda posición. Para seguir la afirmación de Keynes, los grandes fenómenos sociales de los últimos años sostenidos principalmente por ciclos económicos favorables a los que se sumó cambios estructurales notables como la irrupción de China e India al sistema de economías de mercado, ha tenido resultados notoriamente ambivalentes.
 
Postulamos a nuestro país como un ejemplo de tal ambivalencia. En perspectiva histórica, se tiene una serie temporal de fundamentales macroeconómicos con un desenvolvimiento notablemente favorable en el período que transcurre desde mediados de 2002 hasta inicios de 2009 pero que desde ese año se han notado grandes distorsiones en la economía que fueron resultado de gestiones evitables, es decir, errores de política no forzados.        
 
En ese escenario, un importante sector de la sociedad decidió continuar democráticamente con esa administración de gobierno. Sin embargo, actualmente no todos parecen tener algún mínimo acuerdo social, pues los hechos de violencia en distintos puntos del país pusieron en evidencia que existe cierta fragilidad que irrumpe sobre las bases institucionales del país.
 
¿Cómo se puede explicar entonces el boom de ventas y el saqueo en distintas localidades provinciales acontecidas en forma simultánea?
 
Básicamente desde aquí se postula que hay dos factores, dentro de la multiplicidad de los mismos, que se desprenden de manera importante:
 

  1. El crecimiento no es un factor determinista del desarrollo de las naciones.

  1. La naturaleza del hombre está básicamente caracterizada, entre otros aspectos, por la mutación y/o alteración de los estados de ánimo dados durante períodos cortos, un momento o en solo segundos.


Respecto al primero, es una condición deseable que las economías crezcan para generar capacidad de liquidez que sustenten un mayor espacio fiscal para una política de distribución del ingresos más eficiente a través de la inversión y apuntalando el consumo. Con el acompañamiento de estas variables, la gestión política debería procurar atención a horizontes de planeamiento de mediano y largo plazo. El horizonte es menos incierto ante un mejor marco institucional y el fomento de contratos sociales en los que intervengan todo el sistema político nacional con independencia de los beneficios de cada parte.

 
Dicho marco institucional es menos permeable frente a escenarios de crisis si es acordado previamente por todo el espectro político. A su vez, la consistencia de las principales decisiones de política junto a la flexibilidad de las mismas, debería ser el principal activo de los futuros hacedores de política.         

 
El segundo punto descansa en el comportamiento histórico que han tenido los agentes ante períodos de crisis. En la primera entrega de Notas sobre Crisis, se había aludido a la persistencia de ciclos de auge y caída en las economías del denominado Cono Sur de América.
 
Períodos iniciales de crecimiento de la producción con generación de empleo y consumo seguidos de consecuentes auges en las percepciones de corto plazo de los agentes que son retroalimentadas, a su vez, por sistemas financieros que ofrecen crédito sin proyectar que los cambios, repentinos o suaves, forman una de las características principales del ser humano en sociedad.
 
Es de destacar que dichas características determinan un complejo entramado de dinámicas de comportamiento que nutren nuevas decisiones y erosionan las precedentes, pues todos estos comportamientos, quizás, sea la principal razón del ser respecto a las decisiones económicas. Tales decisiones pueden afectar varios aspectos dentro de los cuales se podría incluir el status quo socio económico de los agentes y, en ciertas condiciones, del agregado social lo cual debe ser un llamado de atención a la ciencia económica. Con los eventos de los últimos días sería difícil afirmar que el status quo de todo el tejido social aún prevalece. Mientras algunos se agolpan hacia los comercios otros se precipitan ilegalmente sobre los supermercados.
   
En este marco, modelar el proceso de decisiones económicas de los agentes y los hechos sociales resultantes a través de la evidencia macroeconómica se hace complejo. Sin embargo, es de importancia el contexto en general y el económico en particular como factores determinísticos en las percepciones de la realidad.
 
Los excesivos gastos y tomas de crédito que sustentaron el crecimiento económico determinan no solamente fragilidades patrimoniales en el sentido de Minsky sino que como muestran los hechos mencionados, existe hay una fragilidad social de mayor importancia. Las percepciones de los sectores más vulnerables se modifican constantemente desde las necesidades principales. Por esto, para muchos la realidad es algo que sería mejor que no ocurra.               

lunes, 17 de diciembre de 2012

La primera señal de recuperación de la industria argentina y sus causas

Hace ya un tiempo, escribí algunas notas criticando la política económica    implementada por el gobierno argentino para enfrentar la desaceleración de Brasil, el principal socio comercial argentino. Aunque reconocí que el origen de la desaceleración en la tasa de crecimiento argentina era exógeno, también intenté mostrar que la economía argentina se terminó estancando luego de que el gobierno tomara medidas radicalmente distintas a las implementadas durante la crisis de 2009. Para reiterar brevemente la conclusión de esas notas, a mi juicio el error fue la negativa del poder ejecutivo a permitir una depreciación del tipo de cambio tal que permitiera absorber el shock externo sufrido, en conjunción con un aumento de las tasas de interés que modere la tasa de inflación, lo cual hubiera provocado una depreciación del tipo de cambio real (o al menos, un freno en la apreciación observada en los últimos años). 

En lugar de reiterar estas medidas, que constituyeron una efectiva reacción de política económica en la crisis de 2009 (junto con una mayor tasa de expansión del gasto público) y permitieron una rápida salida de la misma, el gobierno se negó en principio a validar una mayor depreciación  del tipo de cambio nominal y un aumento de tasas, para lo cual recurrió a una serie de medidas de ajuste tales como la restricción casi total a la compra de divisas y la implementación de barreras a las importaciones. Aunque los funcionarios oficialistas adujeron siempre que de esta forma se garantizaban los dólares necesarios para pagar los vencimientos de deuda externa y se protegían las reservas internacionales del Banco Central, lo cierto es que las reservas cayeron (sobre todo en relación al PBI) y la economía se comenzó a estancar, sin que se produjera al principio el necesario ajuste en el tipo de cambio real, tal que se detenga el deterioro en la competitividad y se encarezcan algunas de las fuentes de fuga de divisas (como por ejemplo, las importaciones y el turismo en el exterior).

En los últimos días, hemos tenido una buena noticia en el frente externo, ya que la industria brasilera volvió a mostrar en octubre una tasa de crecimiento positiva, luego de un año completo de contracción:

Fuente: Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística

Su efecto sobre la industria argentina no se demoró, ya que también la industria argentina (EMI) dio una señal de reactivación luego de varios meses de contracción:

Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos

Todavía no se dispone del dato del Estimador Mensual de Actividad Económica, que mide también al sector primario y de servicios. Sin embargo, teniendo en cuenta que ambos indicadores se han movido en el mismo sentido en los últimos meses, pero con el EMAE mostrando siempre un menor deterioro, la mejora en la economía brasilera debería también reflejarse en el nivel de actividad general.

Parece claro que la recuperación en la industria brasilero probablemente sea el motivo de esta incipiente reactivación en la industria argentina. ¿Qué ha ocurrido en el plano interno? Lo primero que debemos destacar es una leve modificación en la evolución del tipo de cambio nominal (TCN) y las tasas de interés:

Fuente: BCRA (TCN y Tasa de Interés) y blog Cosas que Pasan (tasa de inflación anualizada basada en índices de precios al consumidor provinciales).

Luego de la corrida contra el peso de fines de 2011, el Banco Central mantuvo constante la tasa de depreciación del TCN en un 8% interanual. A partir de mayo, comenzó a acelerar la misma hasta llevarla a un 12.5% interanual en octubre. Asimismo, luego del incremento en las tasas de interés de fines de 2011 (también producto de la corrida contra el peso), había validado una reducción en las mismas. Esto se comenzó a revertir levemente a partir de Julio 2012. Como resultado de esta política, la tasa de inflación (eje derecho) parece estar manteniéndose constante en torno al 22% interanual, de acuerdo a la estimación basada en los índices de precios provinciales. Esta combinación de políticas logró exactamente el resultado esperado, ya que a partir de agosto parece haberse detenido la apreciación del tipo de cambio real:

Fuente: blog Cosas que Pasan.

Esto implica una clara modificación de la política económica, que ahora parece estar apuntando a una mayor tasa de depreciación del tipo de cambio y tasas de interés levemente más elevadas. Por otro lado, teniendo en cuenta que la tasa de inflación permanece por encima del 20% (algo que no ocurrió en 2009), podría considerarse necesaria cierta profundización de esta política, sobre todo si se desea que la industria argentina recupere competitividad en el corto plazo. En este sentido,  parece clave hacer ajustes en la tasa de expansión de los agregados monetarios, que actualmente presentan un comportamiento muy diferente a 2009, cuando llegaron a tocar el 0% de crecimiento interanual:

Fuente: Banco Central de la República Argentina.

La tasa de variación interanual de la base monetaria se acerca al 40% en los últimos meses, mientras que la expansión de M2 permanece en torno al 25-30%. Con este ritmo de expansión monetaria, parece difícil que la tasa de inflación se modere significativamente.

Asimismo, es imperativo corregir las restricciones a las importaciones y a las compras de divisas. En la medida en que mejore la cosecha de soja y se recuperen las exportaciones industriales a Brasil (como espera el grueso de los economistas argentinos), el mayor ingreso de divisas, así como una mayor corrección en las políticas cambiaria y monetaria, deberían allanar en parte el camino para levantar las restricciones a las compras de divisas (lo cual permitiría comenzar a eliminar el mercado paralelo del dólar y por ende el actual desdoblamiento de facto del tipo de cambio) y a las importaciones. Llamativamente, es este aspecto el que genera más escepticismo, ya que el ánimo irracionalmente intervencionista del gobierno no parece que vaya a ceder, sobre todo teniendo en cuenta que se ha mantenido a los funcionarios que tomaron estas medidas y que el giro hacia un modelo más parecido al venezolano es cada vez más evidente.

Queda claro entonces que quedan cuestiones por corregir, pero el ajuste en la tasa de depreciación del tipo de cambio nominal y las mayores tasas de interés no dejan de ser una buena señal: han permitido que la incipiente recuperación brasilera surta efecto y que el sector industrial muestre su primer signo de reactivación en varios meses. Quedará en manos del gobierno la decisión de profundizar este improbable camino de pragmatismo en la política económica, pero solo hace falta revisar los titulares de los diarios argentinos para notar que todas las declaraciones de la presidente y sus funcionarios parecen indicar lo contrario.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Fútil batalla argentina contra las instituciones y la propiedad privada

Muy a pesar de un fanático de la economía como quien les escribe, la coyuntura actual obliga a escribir sobre temas de carácter "institucional", que tienen más de políticos que de económicos. Las últimas semanas se han ido transformando en una sucesión de noticias negativas acerca de la situación institucional argentina, tanto por noticias adversas externas, como por las medidas reñidas con los principios de respeto a las instituciones y a la propiedad privada que ha ido adoptando el gobierno argentino.

En primer lugar, la noticia de política económica/exterior más trascendente ha sido el enfrentamiento con los denominados fondos "buitre", más particularmente el fondo NML Capital Ltd., que poseen bonos en default de la deuda argentina. Lo que comenzó con un intento de embargo de la fragata Libertad de la Armada argentina cuando se encontraba anclada en un puerto de Ghana, tomó aún mayor revuelo con el fallo adverso del juez Griesa en los tribunales de Nueva York, el cual ordenaba pagar la totalidad de la deuda en default a estos tenedores de bonos. El fallo del juez apareció luego de una serie de declaraciones grandilocuentes y poco convenientes de funcionarios argentinos, que dejaban en claro que el gobierno argentino no pensaba cumplir con un fallo adverso de la justicia norteamericana en esta causa. 

Si bien la cámara de apelaciones ha dejado en suspenso este fallo y el gobierno argentino sorprendentemente parece haber girado hacia una posición más negociadora (el Ministro de Economía Hernán Lorenzino parece haber abierto la puerta a la posibilidad de una reapertura del canje de deuda), esta situación no deja de ser una amenaza para la posición internacional argentina, en el (¿improbable?) caso de que la cámara sostenga el fallo y el gobierno argentino se niegue a cumplir el pago. Una posición más razonable, pero evidentemente tardía.

En segunda instancia, hace algunos días se convirtió en ley la reforma del mercado de capitales argentino. Esta ley presenta algunos aspectos preocupantes, que buscan someter a los empresarios a los designios del gobierno nacional y que probablemente tengan como principal objetivo a los grupos empresarios díscolos, como Techint y fundamentalmente Clarín, el principal grupo de medios opositor. A último momento, el bloque oficialista de la Cámara de Diputados incluyó modificaciones a un artículo, el cual permite a la Comisión Nacional de Valores (dependiente del gobierno nacional) a colocar veedores con poder de veto en empresas que sean investigadas por dicho organismo y a separar a sus directores. La inclusión de este artículo generó el rechazo de algunos bloques opositores, que hasta el momento habían acompañado en general la medida. 

Asimismo, el proyecto cambia el fuero para los litigios del sector al Contencioso-Administrativo, en lugar del fuero Comercial en que se encuentran hoy en día. Algo que resulta sospechoso, dado que el gobierno ha intentado también trasladar la denominada causa Clarín (acerca de la aplicación de la ley de regulación de medios de comunicación) a este fuero, el cual se dice que podría ser más influenciable por el gobierno nacional.

La última avanzada del gobierno, y sin lugar a dudas la más fuerte, ha sido en el marco de la mencionada causa Clarín. En los últimos meses, el gobierno había promovido la fecha del 7 de diciembre (7D) como la fecha límite para que se aplicara esta ley, dado que vencía la medida cautelar que beneficiaba al grupo Clarín e impedía al gobierno avanzar sobre el mismo. La causa se basa en un planteo de inconstitucionalidad de los artículos 45 y 161 de la ley de medios aprobada en 2009 realizado por el Grupo Clarín, que tratan sobre la multiplicidad de licencias que puede tener un mismo grupo y la adecuación en el plazo de 1 año a los límites impuestos por esta norma.

El pasado jueves 6 de diciembre fue prorrogada la medida cautelar por la Cámara Civil y Comercial Federal, luego de una serie de fuertes presiones del gobierno nacional a los distintos jueces que debían intervenir en esta causa, no solo mediante recursos judiciales y denuncias ante el Consejo de la Magistratura (organismo encargado de juzgar a los jueces por el desempeño de sus funciones), sino también mediante declaraciones públicas. Algunas de estas declaraciones hablaron de "alzamiento contra una ley de la Nación" (en el caso del Ministro de Justicia Julio Alak) y "golpe institucional" (en el caso del diputado kirchnerista Carlos Kunkel). 

Luego de esta derrota temporal, el gobierno ha presentado el recurso de "per saltum", una facultad recientemente aprobada por el Congreso de la Nación, que permite solicitar el tratamiento de una causa judicial por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, siempre y cuando se trate de un caso de gravedad institucional y este tribunal la acepte bajo este criterio. La potencial efectividad de esta estrategia es todo un misterio: si bien existen jueces del tribunal cuya simpatía con el gobierno es pública, no es seguro que vaya a emitir un fallo a favor. Cabe destacar que la semana pasada fue emitido un comunicado de las principales organizaciones que nuclean a jueces nacionales y provinciales, solicitando al gobierno que cese sus presiones al Poder Judicial, comunicado al cual adhirió una de las integrantes del máximo tribunal que es considerada cercana al gobierno (Elena Highton de Nolasco). Asimismo, parece claro que la gravedad institucional del caso tiene más que ver con la estrategia de confrontación directa y a cualquier costo utilizada por el gobierno, que por la relevancia misma de la causa. Es esta estrategia la que parece haber generado en estos días un conflicto entre el Poder Ejecutivo y el Judicial, más que la naturaleza de la causa en si, que podría seguir transcurriendo por los canales normales de la justicia argentina.

Esta sucesión de conflictos dejan en evidencia la baja calidad institucional vigente en Argentina. Cabe destacar que, de acuerdo al índice de calidad institucional que publica la Red Liberal de América Latina, el país se encuentra en la posición 122 de 191 países, lejos de otros países de América del Sur como Chile (21), Uruguay (44), Perú (65), Colombia (86) y Brasil (89), los cuales claramente han elegido el camino de intentar mejorar sus instituciones y el respeto a las mismas en los últimos años. De acuerdo a este informe, los peores aspectos institucionales argentinos son los vinculados a la falta de libertades económicas, pero tampoco son satisfactorias las calificaciones en lo respectivo a cumplimiento de la ley, la facilidad para hacer negocios, el nivel de corrupción y la libertad de prensa en relación al resto de la región.

Por el momento, las únicas preocupaciones del gobierno parecen ser incrementar su control sobre la economía y, sobre todo, ganar la batalla contra los medios de comunicación que actualmente no se someten a sus designios. Mientras tanto, los problemas económicos persisten, los recursos y energía del gobierno son malgastados en batallas de poder inútiles para el bienestar de la sociedad y Argentina parece estar viendo una vez más como pasa el tren del desarrollo económico.

sábado, 8 de diciembre de 2012


¿Macroeconomía de la descoordinación o una macroeconomía descoordinada ex ante?


Iniciado el último mes del año, la economía argentina parecería estar bajo un complejo entramado de elementos endógenos y exógenos que promueven gran incertidumbre acerca del futuro inmediato.

Esto se hizo evidente hacia principios del último trimestre donde se avizoraron dos grandes hechos a los que los podríamos postular de naturaleza endógena y, en otro orden, exógenos. Si bien ambos no son antitéticos, a los fines expositivos es deseable guardar un criterio de separabilidad, obviamente siempre y cuando sea posible.

No caben dudas que una vez puestos en escena, estos factores parecen amalgamarse para, posteriormente, potenciarse y converger en una realidad que en muchas oportunidades, a los ojos de la lógica que podemos tener cada uno de nosotros, parecería irreal y, hasta a veces, fantástica. La motivación parecería ser encontrar el o los elementos que permiten la conformación de ese entramado generador de incertidumbre. Por otro lado, si la realidad es inesperadamente incierta, se obtendría ineludiblemente cierta disconformidad en la cuestión social. En este sentido, no sería de extrañar que el tedio mismo de ciertos sectores de la sociedad accione en el espacio público, en el reclamo como principal subyacente de esa posición acomodada desde ese sentimiento de disconformidad.

Adicionalmente, desde aquí planteamos que el relato puede construir realidades disimiles pero, en algún sentido, hermanas en su creación. La búsqueda constante de una verdad que se argumenta principalmente desde una retorica, muchas veces poco abarcativo, termina replicando hechos que forman una antítesis de ese relato. En esa antítesis es que encontramos una descoordinación de la realidad, un mundo desvirtuado, un sinfín de dinámicas no esperadas. He aquí la pregunta que titula este artículo.                  

Es en este contexto donde la pregunta merece al menos la identificación de esos factores acumulativos, donde el encuentro no es una mera casualidad sino una causalidad no determinante y marginalmente expeditiva, pues hace pocos meses grupos de personas se juntaban, citados a través de las redes sociales, en distintos puntos del país. El objetivo era reclamar lo que, según sus visiones, eran temas fundamentales a resolver, entre ellos estaban las restricciones cambiarias, la inseguridad y la inflación.         

Sin dudas, algunos de los temas que se mencionaban siguen siendo muy importantes para la sociedad en su conjunto. Por una parte, la dinámica inflacionaria, la cual ya ha conformado un régimen de alta inflación, es una distorsión negativa que afecta directa e indirectamente a todo el tejido social doméstico y; por otra, las restricciones cambiarias afectan directamente a no todos pero, indirectamente, a la mayoría de los habitantes de nuestro país.

Por otra parte con una esencia principalmente externa, semanas atrás la estrategia de los  tenedores coorporativos de bonos nacionales que no se habían acogido a las reestructuraciones  llevadas a cabo en los años 2005 y 2010, generó dos hechos desfavorables para nuestro país. El primero fue el embargo de la fragata Libertad en el puerto de Tema (Ghana) y, el segundo (con mayor importancia), el juez de primera instancia estadounidense, Thomas Griesa, ordenó a la Argentina a pagar el total que reclamaban los fondos de inversión especulativos MNL Elliot, Aurelius, Blue Skay y otros. Un monto de alrededor de 7.000 millones de dólares. Decisión doblemente llamativa. Los juristas especializados criticaban la instalación del ``innovar´´ y, desde la lógica histórica, la novedad no estaba dentro del esquema de comportamiento decisorio que se venía observando en el juez. El lector podrá pensar que la decisión del juez Griesa es un hecho raro, un Cisne Negro. Intentaremos que tal hipótesis sea refutada más  adelante.  

La decisión del juez de la cámara de primera instancia norteamericana podría entenderse como un evento exógeno que las autoridades de política económica local no pueden manejar. Sin embargo, el accionar del juez fue criticado debido a que fue visto como una respuesta a las declaraciones de funcionarios argentinos ex ante su sentencia lo cual pondría cierta duda en postular como un hecho netamente exógeno como también, y no menos importante, una conducta fuera de los límites de la racionalidad[1].

Si observamos otros que se han dado en los últimos años, es evidente que la hipótesis del shock externo queda algo invalidada. Tan solo enunciar el sostenido aumento de los términos de intercambio en el sector agropecuario el cual local sí lo podríamos notar como un evento inmanejable, no premeditado; no podemos influenciar en la tasa de crecimiento de los habitantes que se trasladan desde el empleo rural al sector industrial lo que hace necesario un incremento en la demanda de los productos exportables nacionales.           

La decisión judicial tuvo consecuencias económicas de corto plazo derivadas, principalmente, de la volatilidad financiera. Durante esos días observamos una caída en los valores del mercado de bonos, hecho que se canalizó con fuertes movimientos en los precios de los instrumentos financieros y el riesgo país, pues se temía que un default técnico fuera casi inevitable.   

Si nos trasladamos al campo de los factores endógenos, la política económica nacional encuadra  claramente. Con posibilidades de modificación ante tendencias que alejan al ciclo económico objetivo y, a su vez, con elementos que pueden empujar la dinámica hacia objetivos macroeconómicos determinados. No obstante, ante la aparición de choques externos, los elementos de política se tornan determinantes para evitar comportamientos macroeconómicos no deseados.           

Por lo tanto, los factores que han iniciado un ciclo de incertidumbre en la economía interna parecen gestarse de forma foránea como dentro de nuestro país. Mientras que a un factor lo postulamos fuera de alcance de los encargados de política económica, es decir, en este caso una externalidad negativa para la economía doméstica; las medidas para sostener algunas variables de la economía y otras, como la creciente tasa inflacionaria,  por la que parecería que no son tomadas en cuenta por la gestión de política económica, se clasifican como endógenas. En este escenario, se desprende la existencia de un set de factores de incertidumbre que está en el horizonte nuestro de cada día y que sea hace cada vez más difícil eludir.

Como al inicio del brillante libro de Mario Vargas Llosa, Conversación en la catedral (1973) , voy a tomar la  pregunta que se hace uno de los personajes principales, Santiago, con una pequeña modificación: ¿En qué momento se ha jodido la Argentina?. La pregunta puede ser dramática pero encierra en ella misma la presencia del factor tiempo y de otros factores que disparan el deseo de ensayar una respuesta: un factor interno, determinado, evitable (quizás); y otro externo, incierto, no conocido, inevitable. Es dable destacar que el momento es el resultado de un proceso el cual se hace casi quimérico identificar el principio, la acentuación, los eventuales cambios y el camino hacia el fin. Nuestra convicción es tratar de agregar algo a la realidad de estas semanas donde todo cambia sin anuncio y coordinación.        

Si la Argentina ha crecido de forma sostenida desde mediados de 2002, con alguna pausa en 2009, qué ha ocurrido que estamos viviendo en esta realidad incierta, casi dramáticamente fantástica, como escribimos al principio.

Al observar el espacio temporal mencionado, casi todas las variables que componen las cuentas nacionales como la demanda de bienes y servicios junto al empleo, dinamizaron el crecimiento económico.

Desde el lado de la oferta, la dinámica fue notoriamente menor. Si bien la formación bruta de capital creció, no lo hizo en las proporciones requeridas para signar sustentabilidad temporal a las tasas de crecimiento económico. La disparidad en el crecimiento de los factores que conforman la formación bruta de capital fijo, tales como construcción y la adquisición de maquinarias y equipos nos debería llamar la atención ya que ha contribuido a activar la dinámica de precios.

Las medidas de política económica caracterizadas por un empuje de demanda constante junto con el fuerte ingreso de liquidez proveniente de nuestros productos exportables fueron los principales factores que grafican la gestión de política.

La historia económica mundial evidencia que es fundamental dotar a la economía doméstica de una creciente demanda no solo como efecto económico a través del multiplicador enunciado en la teoría keynesiana sino también como un mecanismo gradual de inclusión social de los sectores vulnerables de la sociedad. Por otro lado, ésta inclusión masiva al consumo tiene efectos negativos frente a una oferta menos dinámica. En consecuencia, la tensión debe traducirse en movimientos de precios de los bienes y los factores: las presiones salariales y los precios domésticos que se evidenciaron en los últimos años fueron el resultado y elementos preponderante de una macroeconomía de la descoordinación entre la oferta y la demanda, en lugar de acuerdos intencionados, en sucesivas ocasiones, como la mesa de acuerdo entre empresarios y asalariados que algunas vez se intento gestionar.

Adicionalmente, los problemas de provisión de energía eléctrica, gas para la industria y para algunos sectores residenciales fue una de las consecuencias directas de la política de aliento a la demanda de consumo. Durante este año esos problemas parecen agravarse. Los últimos días observamos interrupciones masivas en el servicio de energía eléctrica residencial y de agua. La principal causa, no solo fue un aumento muy fuerte en el consumo derivado del shock climático (exógeno) que hizo que las temperaturas fueran suprapromedialmente elevadas; sino que debemos incluir, nuevamente, el continuo sostén endógeno a la demanda a través de la emisión monetaria y el aumento del gasto público en ausencia de medidas financieras para captar el ahorro doméstico.     

Este proceso económico, si bien hacia los primeros años fue positivo, ha dado paso a una  gran divergencia en los principales de la macroeconomía con la necesidad de algunos cambios inevitables como la corrección de la tasa inflación y la inevitable brecha cambiaria.

Si queremos fundamentar, desde el análisis económico, el por qué la descoordinación;  podemos citar el estadio económico de los países vecinos. Lamentablemente no llegamos a comprender las motivaciones que tienen las autoridades nacionales para implementar medidas sustancialmente distintas a problemas, sociedades y sistemas de producción de gran similitud al observar a los demás países de la región. En tales naciones, se logro minimizar la incertidumbre con una política económica coordinada en comparación a la Argentina donde aún tenemos tasas de crecimiento algo superiores pero con un régimen de alta inflación.  Esto es evidente y, a la vez, paradójico.

Las políticas implementadas por los vecinos que, a la vista de todos, han tenido éxito al menos en el corto y mediano plazo. Ante las presiones en la dinámica interna de precios como consecuencia del efecto demanda como así también el fuerte crecimiento en los precios de los commodities agrícolas, otros países han apelado a medidas contracíclicas como el suavizamiento y eficiencia en la aplicación de los ingresos fiscal como pueden ser los fondos específicos y, a su vez, por las políticas del control de la inflación.

Este grupo de países que podrían estar representados por Perú, Uruguay y en cierta medida también por Brasil, mostraron una tendencia a la consistencia de la política fiscal y monetaria de acuerdo al contexto económico vigente. Sin embargo, para estos últimos dado que se encuentran relativamente más insertados en el sistema financiero mundial, existen otros problemas ex post, como la eventual contracción del crédito externo si el escenario de desbalances globales tiende a la corrección aunque este escenario, en esta instancia temporal, es poco probable.

Las características mencionadas de las políticas implementadas bajo similares problemas parecen ser de dos mundos distintos. Una vez más, como en otros momentos de la historia,  la descoordinación macroeconómica de este lado del planeta no parece solucionarse sin los incentivos necesarios en cada uno de los países. La complementariedad estratégica de las medidas es una de las mejores opciones de que se dispone. No obstante, la región debe solucionar problemas estructurales como la pobreza e indigencia de una gran parte de su población.

Sin embargo, la respuesta merece un sustento más. Resultaría inverosímil si solo aludimos a argumentos netamente economicistas, los cuales son valiosos y continuamente interesantes, pero todo tiene otro lado, el lado de la política es consagrado como un gran elemento causal que está cerca de la determinación. Las formas de gestionar política se han modificado a lo largo de los últimos diez años llegando a un lugar situado casi en las antípodas al observar los países con mayor estabilidad y certidumbre.

Desde este punto podemos finalmente situar a la retórica, a la construcción de la realidad con sus positivos y sus negativos; seguramente, al inicio, con argumentos loables como el bienestar agregado de la sociedad pero cuando la construcción intenta desviarse de la realidad por mucho tiempo, los objetivos loables comienzan a tener grietas y cuestionamientos. Se inicia un camino en un corredor diferenciado de la realidad que nos lleva a chocar las metas enunciadas con precedencia, tornándose como un elemento exógeno, ajeno a lo que podemos controlar. Desde aquí se mezclan los factores externos e internos, parecería que se convierten en uno solo, en ese cúmulo de incertidumbre.

El camino del discurso crítico per se a los hechos criticados tiene grandes probabilidades de convertirse en un shock negativo. Es esto lo que ha sucedido con las decisiones que, al inicio, propusimos como un choque exógeno. El comportamiento agravado del discurso puede dar señales a los que deben tomar decisiones ajenas a nuestro set de elementos. Al juez Griesa algo lo motivó a fallar irracionalmente en contra de la Argentina, los grupos auto-convocados de personas en el centro porteño fueron empujado por algo más que el mero reclamo.      

El desacuerdo respecto a ciertas decisiones que parecen no tener marcha atrás a pesar de reconocerse equivocadas en la realidad real ha llevado tanto a foráneos como a compatriotas hacia la reacción con el intento de ser escuchados. Esto no es gratis en la economía. El costo de la descoordinación lo pagamos todos.


[1] No solo en economía notamos comportamientos irracionales solo que en esta ciencia poder notarlo es aleccionadoramente interesante. 

sábado, 17 de noviembre de 2012

La energía perdida: la situación de las distribuidoras eléctricas de Buenos Aires

La semana pasada un importante apagón eléctrico sorprendió a varios barrios de la Ciudad de Buenos Aires y zonas circundantes. Este hecho ha llamado la atención sobre la situación del sistema de distribución de electricidad de esta zona urbana, que en los últimos años ha sido uno de los íconos de la política de fijación tarifaria y servicios públicos subsidiados del gobierno kirchnerista. 

En un contexto inflacionario y con un creciente deterioro fiscal, no han sido pocos los críticos de esta política, teniendo en cuenta además que dichos subsidios se han focalizado en la oferta y no en la demanda. En otras palabras, los subsidios han sido masivos y no se ha distinguido la situación socioeconómica de los usuarios, lo cual implica que (junto con los subsidios de otros servicios públicos, tales como el agua o el gas) pueden considerarse altamente regresivos en términos de su efecto sobre la distribución del ingreso. El único intento de corrección de esta situación por parte del gobierno comenzó a fines del año pasado, momento en el cual se empezaron a levantar los subsidios en servicios públicos a zonas residenciales de alto poder adquisitivo. Sin embargo, el avance en este sentido se suspendió cuando los signos de enfriamiento de la economía comenzaron a ser evidentes.

Ahora bien, además de esta crítica al efecto que este tipo de políticas tiene sobre los usuarios, ¿cuál está siendo el efecto sobre las empresas distribuidoras de energia eléctrica? Veamos en particular un breve panorama de la situación económico-financiera de las empresas que brindan este servicio en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores, Edenor y Edesur.

Analicemos primero la situación de Edesur, de la cual pude conseguir menos información: 

Cuadro 1. Situación económico-financiera e inversiones de Edesur

Fuente: Memoria, Reseña Informativa y Estados Contables de Edesur S.A. 2008-2011. Montos en millones de pesos

Está más que claro que su situación patrimonial se ha deteriorado significativamente en los últimos años, si nos guiamos por el índice de solvencia (patrimonio neto/pasivo total). El patrimonio neto ha caído un 36% en términos nominales entre 2008 y 2011, ¡mientras que el pasivo total se incrementó 1.3 veces! Este aumento en los pasivos ha sido de $1800 millones (U$S 375 millones), de los cuales $1100 millones (U$S 229 millones) son explicados por el rubro Otros Pasivos. De este monto, $400 millones (U$S 83 millones) se debe a un aumento en multas y sanciones por problemas en sus servicios y $700 millones (U$S 146 millones) a un incremento en deudas asociadas a la "Resolución 1063/2005 - PUREE", que establece la creación de un fondo de estabilización del precio del mercado eléctrico mayorista con los recursos obtenidos del Programa de Uso Racional de la Energía Eléctrica, el cual básicamente premia a los usuarios que reducen su consumo de energía respecto al año anterior y castiga a los que lo han aumentado. Claramente, este programa parece resultar bastante oneroso para Edesur.

Cabe destacar que, con la política de fijación tarifaria, los ingresos por ventas apenas han aumentado cerca de un 16% entre 2008 y 2011, en una economía que ha presentado en todos esos años tasas de inflación de dos dígitos. Los costos de explotación y la estructura de gastos administrativos y de comercialización muestran una variación significativamente superior (43% y 63.5% respectivamente). Como consecuencia de esto, el deterioro en el resultado de la compañía ha sido invevitable: en 2011 perdió $461 millones (U$S 96 millones), lo cual representa más de un 19% de su facturación y prácticamente un tercio de su patrimonio neto.

¿Qué ocurrió con Edenor en el mismo período?

Cuadro 2. Situación económico-financiera e inversiones de Edenor

Fuente: Memoria, Reseña Informativa y Estados Contables de Edenor S.A. 2008-2011.Montos en millones de pesos

Como podrá notarse, el índice de solvencia se redujo en 2011 a un tercio de lo que era en 2008. Los pasivos de la compañía se duplicaron entre dichos años. ¿A qué se debe este incremento de $2000 millones (U$S 417 millones)? Aproximadamente $1000 millones (U$S 208 millones) se deben a lo mismo que en el caso de Edesur: sanciones/multas y mayoritariamente deudas vinculadas al programa de uso racional de energía. Las ventas también han crecido muy poco (apenas un 14%) en relación a la tasa de inflación, mientras que el costo de explotación (incluyendo en el mismo los gastos de transmisión y distribución, que esta empresa presenta como un rubro aparte en su estado de resultados) aumentó 29% y la estructura de gastos de administración y comercialización alrededor de un 80%. Este proceso ha llevado también a un claro deterioro en su resultado final, que es llamativamente similar al de Edesur (casi un quinto de la facturación neta y un tercio del patrimonio neto).

Evidentemente, la conjunción de la actual política tarifaria con un contexto inflacionario han perjudicado el funcionamiento de estas empresas. La memoria del balance de Edenor nos brinda más información para ilustrar este punto. La evolución de la tarifa ha sido claramente inferior a la tasa de inflación de los últimos años (lamentablemente no se aclara en la memoria si toman la tasa de inflación oficial o una estimación privada para el cálculo... si estuvieran tomando la tasa de inflación oficial, la contracción real de la tarifa sería en realidad mucho mayor a la indicada por la empresa):

Cuadro 3. Indice base 100 nominal y real de la tarifa Edenor

Fuente: Memoria de los estados contables de Edenor S.A. año 2011.

Tampoco ha guardado relación alguna con el incremento en el costo de la energía, que se ha triplicado desde el año 2002:

Gráfico 1. Evolución del costo de la energía eléctrica en el mercado estacional

Fuente: Memoria de los estados contables de Edenor S.A. año 2011.

Asimismo, debe destacarse que la tarifa eléctrica de Edenor ha quedado significativamente atrasada en relación a otros países, lo cual también parece indicar la inviabilidad de la actual política tarifaria:

Gráfico 2. Tarifa de Residencial e Industrial de Edenor vs. otros países

Fuente: Memoria de los estados contables de Edenor S.A. año 2011.

Aún si consideramos la tarifa sin subsidios y si nos comparamos con otros países de Latinoamérica, como Perú, Chile y Brasil, la tarifa residencial parece bastante atrasada. La tarifa industrial sin subsidios sí se ubica en un nivel similar al de Perú y Francia, pero bastante inferior al de otros vecinos, como Chile y Brasil.

Todo esta información creo que debería llamar a reflexionar sobre la política energética argentina. Por un lado, el gobierno argentino debería percatarse que las ganancias electorales de tener subsidios masivos a los servicios públicos generan graves problemas de sostenibilidad en el mediano/largo plazo, además de elevados costos fiscales y un efecto regresivo sobre la distribución del ingreso. En este sentido, debería disponer de todos los recursos, incluidos los humanos, para evaluar las distintas posibilidades sobre como salir de este embrollo.

Sin embargo, la mayor reflexión y cambio de mentalidad debería venir de la sociedad argentina, en particular luego del gran apagón eléctrico de la semana pasada. No podemos pretender tener servicios públicos decentes sin pagar por ellos. Si no lo hacemos a través de la tarifa eléctrica, entonces deberá pagarlo el Estado a través de subsidios o estatizando las compañías cuando ya se tornen inviables, con el costo que ello implica en términos de recursos fiscales y del desvío de su atención de otros servicios públicos aún más importantes que hoy dejan bastante que desear, tales como salud, educación y seguridad públicas. "There's no such thing as a free lunch" hubiera dicho Milton Friedman.